SOBRE EL DIBUJO “Adán y Eva” de Josefa Tolrà

E L J A R D I N S E C R E T O
Indagaciones simbólicas en la obra ‘Adan y Eva’ de Josefa Tolrà
Daniel Bonet

La primera sensación que los dibujos de JT provocan en el ánimo de un observador atento, pero que nada conoce acerca de la autora, es sin duda la de encontrarse ante una obra singular y enigmática. Un halo misterioso envuelve tanto a ignotas criaturas como a conocidos personajes bíblicos. Todos con grandes ojos cuyas miradas parecen interrogarnos desde el otro lado del espejo, aunque sin provocar inquietud.
Si ese mismo observador se preguntara acerca del autor de tales imágenes, fácilmente supondría que se trata de una mujer. Ya los dibujos infantiles de las niñas suelen distinguirse de las de los niños por un enfoque más sutil tanto al elegir los motivos como al representarlos. Podría igualmente presumir que la autora es ajena a cualquier formación artística, la espontaneidad y candor de la obra así lo sugieren. No hay tanto una voluntad de mostrar ciertas habilidades como de permitir que algo surja en la blancura del papel. En efecto, no parece que se considerara a sí misma una artista. Dibujaba por la necesidad de hacerlo y a menudo sus obras eran objeto de regalo a personas interesadas.
Cuando se conocen más datos de la vida de JT, en realidad poco añaden sustancialmente a esa primera impresión. Aunque es cierto que toda biografía ayuda a comprender los acontecimientos que ponen en marcha determinados procesos interiores. En este caso, una mujer que vivió una existencia tranquila en una pequeña localidad y en la que el sufrimiento por la perdida de sus hijos pudo alterar de algún modo su percepción ordinaria – la estructura racional de la mente- permitiendo que a través de ciertas fisuras psíquicas su conciencia se pusiera en contacto con presencias etéreas. Difícil sería concluir si sus expresiones artísticas eran una forma de imaginación invocativa, el querer hacer visible aquello en lo que creía, o bien su función fue más bien pasiva o mediúmnica, como parece desprenderse de ciertas anotaciones en sus cuadernos. O quizá ambas posibilidades sean igualmente ciertas.
De la misma manera, es arriesgado considerar patológica cualquier manifestación de “estados alterados de conciencia”, especialmente en el caso de que la persona en cuestión lleve al mismo tiempo una existencia del todo normal en los diferentes ámbitos de la vida, como sucede en este caso.

(Fragmento, artículo del catálogo que se presentará el 21 de febrero 2014)

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