Clarividencia, telepatía, sanación

Teresa Grandas
(…)
Por otra parte, Emma Kunz (1892-1963) supo de forma temprana que poseía capacidades de percepción extrasensorial, clarividencia, telepatía, sanación y utilizó la radiestesia que emplea los flujos de energía. A partir de 1939 empezó a realizar unos dibujos con un péndulo que determinaba los trazos del lápiz o el rotulador, surgiendo formas geométricas simétricas que elaboraba sobre papel milimetrado. Cada dibujo lo producía en una sesión y no los concebía como trabajos artísticos sino como parte de sus rituales sanadores, utilizándolos con su paciente para canalizar los flujos energéticos. Los dibujos le permitían dilucidar y transformar la energía negativa para curar enfermedades físicas y mentales. Los diagramas respondían a cuestiones espirituales y filosóficas, al tiempo que poseían implicaciones curativas. El elemento performativo y asociativo de estas obras tiene vínculos con las “Droguinhas” de Mira Schendel, retículas biomórficas de papel de arroz enrrolado que se transforman al ser interactuadas, y que no dejaban de ser mapas de flujos de energía; también nos remiten a los dibujos eléctricos de Atsuko Tanaka, semejantes a las ramificaciones nerviosas que dibujara Santiago Ramón y Cajal en sus estudios sobre los procesos conectivos de las células nerviosas. La terapia entendida como formade expresión corporal, de experiencia sensorial que se sitúa al margen de los sistemas de valores establecidos y de órdenes morales cualesquiera, constituye una fuerza motriz de pensamiento creativo.
El descubrimiento de lo qué hay detrás del cuerpo es una práctica relacional que implica una interactividad, otra percepción y la apertura a otras dimensiones ya no sólo de lo corpóreo sino también de lo real. Lo que se ha dado en llamar exorcismo afectivo, que origina un espacio en el que recurren el pensamiento y la creación. En Josefa Tolrà, el cuerpo es el receptáculo de las voces que construyen fluídicamente la obra y que son portadoras de la misma. No se conocen fotografías de sus trances, sólo quedan sus cuadernos y los dibujos. Lejos de subestimar el efecto de trance como una experiencia perturbadora, su trabajo es interesante por formar parte de una genealogía de prácticas que irrumpen en el imaginario social y que constituyen formas de emancipación de subjetividades, visuales, culturales y políticas en la sociedad occidental. Se trata de una constelación de narraciones disruptivas, de
espacios intersticiales, que se posicionan al margen de la realidad irrefutable y que constatan la fragmentación de la experiencia del mundo.

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