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Estados de sensitividad, texto de Mapi Rivera

Estados de sensitividad. Shafica Karagulla

Comencé a profundizar en los distintos modos de alterar la percepción, desde la curiosidad, la concupiscencia ocular, el maravillamiento, la meditación, la recitación, los cantos, las danzas, el yoga, el ascetismo, el recogimiento, el aislamiento, el quietismo, el estudio, la focalización, la hipnosis, la percusión, la ingesta de enteógenos que es considerada en entornos ritualísticos la vía directa a la visión. Estaba sumida en la indagación de estas “técnicas arcaicas del éxtasis” tal como las denomina el filósofo y estudioso de las religiones Mircea Eliade (1907– 1986), cuando topé con el estudio de la neuropsiquiatra Shafica Karagulla (1914-1986) sobre personas sensitivas. Las personas sensitivas poseen un talento especial para la recepción de estímulos por canales “naturalmente” dilatados. No sólo son sensibles a las cualidades físicas de las cosas sino que poseen aptitudes específicas para cambiar el estado perceptivo y ver flujos, colores y campos de energía que envuelven al ser humano. Algunos tienen capacidades innatas para comunicar telepáticamente con otras personas, ver a través de los objetos, conocer su pasado y sanar.

Según Karagulla que investigó la sensitividad con rigor científico durante más de ocho años, los sensitivos tienen una percepción más desarrollada, más sensitiva y también más vulnerable que el resto de personas. Captan mayor espectro de ondas, descodifican mayor número y cualidad de vibraciones, tramas, interconexiones e interrelaciones y mayor cantidad y cualidad de fenómenos.

Se puede ser sensitivo por predisposición genética, muchas de las personas sanadoras, clarividentes, médiums y canalizadoras heredan estos dones de sus padres o abuelos, tal como Karagulla comprobó al rastrear el linaje de las personas que estudiaba. Sin embargo, la sensitividad también puede despertarse a raíz de una situación o proceso límite; una fiebre alta, un accidente, una crisis, altera la percepción de forma que un mundo antes oculto se torna perceptible.

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Clarividencia, telepatía, sanación

Teresa Grandas
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Por otra parte, Emma Kunz (1892-1963) supo de forma temprana que poseía capacidades de percepción extrasensorial, clarividencia, telepatía, sanación y utilizó la radiestesia que emplea los flujos de energía. A partir de 1939 empezó a realizar unos dibujos con un péndulo que determinaba los trazos del lápiz o el rotulador, surgiendo formas geométricas simétricas que elaboraba sobre papel milimetrado. Cada dibujo lo producía en una sesión y no los concebía como trabajos artísticos sino como parte de sus rituales sanadores, utilizándolos con su paciente para canalizar los flujos energéticos. Los dibujos le permitían dilucidar y transformar la energía negativa para curar enfermedades físicas y mentales. Los diagramas respondían a cuestiones espirituales y filosóficas, al tiempo que poseían implicaciones curativas. El elemento performativo y asociativo de estas obras tiene vínculos con las “Droguinhas” de Mira Schendel, retículas biomórficas de papel de arroz enrrolado que se transforman al ser interactuadas, y que no dejaban de ser mapas de flujos de energía; también nos remiten a los dibujos eléctricos de Atsuko Tanaka, semejantes a las ramificaciones nerviosas que dibujara Santiago Ramón y Cajal en sus estudios sobre los procesos conectivos de las células nerviosas. La terapia entendida como formade expresión corporal, de experiencia sensorial que se sitúa al margen de los sistemas de valores establecidos y de órdenes morales cualesquiera, constituye una fuerza motriz de pensamiento creativo.
El descubrimiento de lo qué hay detrás del cuerpo es una práctica relacional que implica una interactividad, otra percepción y la apertura a otras dimensiones ya no sólo de lo corpóreo sino también de lo real. Lo que se ha dado en llamar exorcismo afectivo, que origina un espacio en el que recurren el pensamiento y la creación. En Josefa Tolrà, el cuerpo es el receptáculo de las voces que construyen fluídicamente la obra y que son portadoras de la misma. No se conocen fotografías de sus trances, sólo quedan sus cuadernos y los dibujos. Lejos de subestimar el efecto de trance como una experiencia perturbadora, su trabajo es interesante por formar parte de una genealogía de prácticas que irrumpen en el imaginario social y que constituyen formas de emancipación de subjetividades, visuales, culturales y políticas en la sociedad occidental. Se trata de una constelación de narraciones disruptivas, de
espacios intersticiales, que se posicionan al margen de la realidad irrefutable y que constatan la fragmentación de la experiencia del mundo.

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Josefa Tolrà, sobre la autoridad restrictiva de la Razón

HABITAR LOS INSTERSTICIOS. ARTE Y OTRAS REALIDADES
Teresa Grandas

Josefa Tolrá realizó sus obras en estado de trance mediúmnico entre los años cuarenta y cincuenta. En el contexto rural de la postguerra española y en el mismo momento en el que tras el final de la segunda guerra mundial, la CIA desarrollaba programas de control para modificar el comportamiento de los individuos. Mediante experiencias de privación sensorial, estimulación cerebral, proyección subliminal, así como del uso de sustancias químicas de expansión de la consciencia, se buscaba obtener alteraciones y dominación de la conducta; en los años cincuenta incluyeron a hipnotizadores y telépatas en sus investigaciones. Lo cierto es que más allá de las razones ideológicas, políticas o militares que impulsaban estos experimentos, la necesidad de estudiar las posibilidades expansivas de la mente no eran un fenómeno nuevo, y la CIA simplemente se hizo eco de una tradición anterior que eclosiona en la segunda mitad del siglo XIX. La alteración del comportamiento humano a través de lo extrasensorial había sido estigmatizada a lo largo de la historia. Visiones y acciones paranormales, lo que se ha dado en llamar alucinaciones, habían sido consideradas por la medicina como actos erróneos, fallidos o engañosos. Tratadas como patologías del sistema nervioso, relacionadas con la histeria o estados de alienación, se distinguían del espíritu sano. El proyecto moderno que surge en la sociedad industrial marginó este tipo de fenómenos, marcado por un positivismo que exaltaba lo racional como aquello comprobable, demostrable, u objetivable. Sin embargo, la experiencia alucinatoria interesó pronto como forma de disidencia respecto a la autoridad restrictiva de la Razón. Su potencial subversivo atrajo no sólo por su contribución a los métodos alternativos de producción de conocimiento, sino también a las formas de experimentación creativa, e incluso a la ciencia que inicialmente la había ignorado. Estudios filosóficos, teosóficos, científicos y artísticos se centraron en lo no visible, y convergirían en numerosas ocasiones a pesar de sus inquietudes aparentemente inconexas, en un interés progresivo por lo oculto, por el espiritismo, por formas de trance que permitían acceder a otros estados de conciencia como la telepatía, la hipnosis o la sugestión mental. Es en el debate entre la filosofía, la fenomenología y las ciencias neuro-cognitivas donde surgen nuevos procesos de subjetivización que atañen a lo epistemológico, a la percepción, a la estética y a la intersubjetividad.

(Fragmento, artículo catálogo)

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